Andy es un joven taxista habanero que en las últimas semanas se ha acostumbrado a una rutina desgastante, pero efectiva, para sobrevivir a la actual escasez de combustible en Cuba. Un día a la semana lo dedica íntegramente a hacer una cola de entre 12 y 15 horas —la primera vez estuvo 26— para comprar 40 litros de gasolina en las gasolineras estatales, que ahora venden el producto exclusivamente en dólares. Solo 40 litros: ni uno más ni uno menos, desde que las autoridades regularon la cantidad que cada usuario puede adquirir a partir del fin de semana pasado.
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