En la sala de su casa en Cali, lesionado tras una caída, el general Edwin Urrego recibió en el celular un video que terminaría por finiquitar su carrera. Al menos, de momento. En la pantalla, el presidente Gustavo Petro hablaba de sabotajes, de conspiraciones para arruinar su reunión con Donald Trump, de un supuesto plan para sembrar droga en su vehículo presidencial. E indirectamente lo señalaba. Inmovilizado, vio cómo su cargo y su reputación se desmoronaban.
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