Desde hace semanas, los teléfonos vibran sin cesar en Minneapolis. Son cientos de pequeños calambrazos al día; uno por cada mensaje que reciben los vecinos apuntados en los grupos de Signal que vigilan y hostigan a los 3.000 agentes de la policía secreta migratoria de Donald Trump desplegados en la ciudad.
Desde hace semanas, los teléfonos vibran sin cesar en Minneapolis. Son cientos de pequeños calambrazos al día; uno por cada mensaje que reciben los vecinos apuntados en los grupos de Signal que vigilan y hostigan a los 3.000 agentes de la policía secreta migratoria de Donald Trump desplegados en la ciudad.




