Hungría, un país de solo 9,7 millones de habitantes y decimoctava economía de la Unión Europea, se ha convertido en el campo de batalla de la guerra ideológica global. Este Estado de Europa central, que el nacionalpopulista Viktor Orbán ha erigido en modelo (pionero) de la democracia iliberal en el Viejo Continente, afronta este domingo unas elecciones legislativas decisivas que, según apuntan las encuestas, podrían desbancar al primer ministro del poder después de 16 años. Unos comicios determinantes para Hungría pero también para la UE —los más importantes del año entre los Veintisiete— y para Rusia y Estados Unidos.
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