
Las elecciones del próximo domingo en Hungría no son unas más dentro del calendario europeo. Su significado trasciende las fronteras nacionales y se proyecta sobre el conjunto del continente como un test crucial de la resiliencia democrática de la Unión Europea y de la capacidad de las derechas radicales para consolidar y exportar un modelo político alternativo al liberalismo democrático. Lo que está en juego en Budapest no es únicamente la continuidad de un liderazgo, sino la validación o el cuestionamiento de un experimento político que, durante más de una década, ha redefinido los límites de lo posible dentro de la UE.


