Por Gustavo Lainette
Activista político-social | Fundador de la ONG Resistencia Venezolana
Durante años el chavismo vendió un relato: soberanía, antiimperialismo, resistencia frente a Estados Unidos. Un discurso repetido hasta el cansancio para mantener cohesionada a su militancia y distraer a una población agotada. Hoy, ese relato hace agua por todos lados.
Mi opinión es clara y no voy a edulcorarla: el poder real sobre Venezuela ya no se decide en Miraflores.
Se decide en Washington.
Desde el momento en que el régimen quedó acorralado, el juego cambió. Se destrancó el tablero. Y a partir de ahí, cada movimiento “positivo” que hoy se intenta vender como gesto del chavismo no nace de convicción, nace de orden.
No nos engañemos.
El discurso antiimperialista que repiten voceros del régimen —incluido el de personajes como Ciro Rodríguez— no es una posición política real, es teatro. Es una narrativa diseñada para mantener entretenida a su base mientras, por debajo de la mesa, obedecen instrucciones externas.
La verdad incómoda es esta:
Hoy el control efectivo lo ejerce la administración de Donald Trump, a través del Departamento de Estado bajo Marco Rubio.
Todo lo demás es fachada.
Si hoy el régimen libera, flexibiliza, permite, cede o simula “normalización”, no es porque cambió.
Es porque ya no tiene margen.
Es porque está sometido a presión real.
Por eso afirmo —y lo sostengo— que cualquier acción correcta que ocurra en este momento en Venezuela no es una concesión del chavismo, es una ejecución de órdenes. Washington marca el ritmo. Caracas obedece.
Cuando el sistema entra en esta fase, el desenlace es inevitable. Y si se confirma la captura política o judicial de Nicolás Maduro —como parte de este mismo proceso— el mensaje sería inequívoco: el juego quedó destrancado definitivamente.
Tanto así, que ya se habla de reapertura de canales diplomáticos, de embajadas estadounidenses listas para volver a operar, de una transición que el chavismo jamás habría permitido por voluntad propia.
¿Y cuál es nuestro rol en todo esto?
Desde Resistencia Venezolana no estamos aquí para aplaudir gestos ni para administrar relatos. Estamos para lo que viene después.
Nuestro compromiso es claro y público:
identificar a los corruptos,
perseguir a los delincuentes,
rastrear el dinero robado,
repatriar activos
y llevar ante la justicia a todos los responsables, estén donde estén.
No habrá refugio.
No habrá borrón y cuenta nueva.
No habrá amnistía moral para quienes destruyeron un país.
El chavismo no está cambiando.
Está siendo forzado.
Y quien no entienda esto hoy, mañana dirá que “nadie lo advirtió”.
Yo sí lo digo ahora:
Se destrancó el juego.
Dios con nosotros, cúmplase!







