La mitad de la producción petrolera de Venezuela se comercializa, según distintas estimaciones, a través de canales opacos: crudo afectado por sanciones internacionales que se vende con triangulaciones y cobros en especies, hasta llegar a pequeñas refinerías privadas en China con un precio reducido tras el largo periplo. La otra mitad la componen los barriles que procesa la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) junto a su principal socio, la estadounidense Chevron, y en menor medida, con la española Repsol, la francesa Maurel & Prom, la italiana ENI o la india Reliance: unos 400.000 barriles diarios, constantes y sonantes, que alimentan un flujo crucial para la economía del país.
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