
El día de las elecciones más trascendentes de la historia reciente de Hungría, el alcalde de Bócsa, un pequeño pueblo de 1.900 habitantes del centro del país, estalló. Mihaly Szoke-Tóth, del partido del primer ministro ultraconservador Viktor Orbán, llevaba dos días sintiendo una enorme “presión psicológica, espiritual”. A primera hora de la mañana, el político de Fidesz votó, se hizo una foto, se sacudió el miedo y la compartió en Facebook con un mensaje sin precedentes. Su papeleta fue para Tisza, la formación que esa misma noche tumbó el sistema del que él había sido miembro activo los últimos 16 años.






