Cuando, en junio de 2025, el recién elegido canciller alemán, Friedrich Merz, acudió a la Casa Blanca en su primera visita oficial tras su investidura, lo hizo con el objetivo de revivir la alianza transatlántica entre ambos países, y consciente de la importancia de Estados Unidos para Alemania, sobre todo, en materia de seguridad. Un año más tarde, y después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, declarase su intento de anexionar Groenlandia, lanzase un conflicto comercial e impulsara una guerra contra Irán sin previo aviso a sus aliados, las grietas en la relación bilateral parecen cada vez más profundas.
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