Un Donald Trump más envalentonado que nunca, y con intenciones abiertamente más imperialistas de lo admitido antes, partirá este miércoles hacia el Foro de Davos para reunirse con los líderes atlánticos, en una cumbre que se perfila como clave para el futuro no solo de Groenlandia, sino de toda la OTAN. El republicano, cuyo vuelo se ha retrasado por un problema eléctrico en su avión Air Force One, no parece dispuesto a contemporizar ni a ceder en sus ambiciones de anexionarse la isla ártica, territorio soberano del Reino de Dinamarca. Tampoco a sus aspiraciones de convertirse en el árbitro mundial.
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