
En 1997, el ejército israelí llevaba 15 años ocupando el sur de Líbano —con escaso debate nacional pese al goteo de militares muertos— cuando la madre de un soldado allí destinado, Rachel Madpis Ben Dor, leyó un artículo de prensa que le removió. Preguntaba por qué las madres israelíes habían renunciado al instinto básico de protección de sus hijos y aceptaban sin rechistar su envío a Líbano como carne de cañón. Telefoneó al autor, que insistió en visitarla. Para no estar sola, invitó a dos amigas, también con hijos en el frente, y se sumó otra que, básicamente, necesitaba un hueco en el coche. Como eran cuatro, igual que las matriarcas bíblicas, una se llamaba Rachel y empezaba la Pascua Judía, el periodista tituló el artículo “Cuatro madres”.




