Minneapolis amaneció este domingo desierta, con un aire fantasmal y aún incrédula por la versión dada por el Gobierno de Estados Unidos —todo indica que cuajada de falsedades— en defensa de los agentes de la policía migratoria de Donald Trump que la víspera mataron a un enfermero de 37 años mientras estaba en el suelo. También con una mezcla de rabia, indignación y cansancio tras casi un mes de resistencia al despliegue de 3.000 agentes federales que no son bienvenidos en estas calles.
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