Hace no tanto tiempo, en las últimas décadas del pasado siglo, la ONU era el árbitro de la legalidad internacional, y su secretario general, un pacificador casi a tiempo completo. Hoy las negociaciones para resolver guerras y conflictos recaen en empresarios amigos del presidente Donald Trump o en terceros países, a menudo potencias emergentes (Qatar como mediador en Gaza o Pakistán en la guerra contra Irán), que han cooptado la histórica labor de interlocución de la organización. En vísperas de elegir a su próximo secretario general, la dimensión pacificadora de la ONU cobra especial relieve por la parálisis acumulada ante los más recientes conflictos: Ucrania, Sudán, Gaza, Irán, Líbano…
Paraty, la sorprendente ciudad brasileña tropical, líquida y culta que vive a ras del mar
Su nombre, heredado de la lengua tupí, remite al río de un pez de la región. Pero la historia de...


