Los ataques terroristas que este fin de semana sacudieron Malí comenzaron tan repentinamente como si alguien hubiera pulsado el interruptor del caos. Bamako, Kati, Mopti, Gao, Kidal… En cuestión de unas horas, la frágil estabilidad que a duras penas mantiene este país del Sahel se convirtió en una crisis abierta. Mientras en Bamako, la capital, los militares seguían buscando a yihadistas y las noticias de la caída de Kidal —una de las plazas más simbólicas del conflicto y cuya defensa estaba en manos de fuerzas rusas— eran cada vez más convincentes, el general Assimi Goïta aseguró el martes que todo estaba “bajo control”. La imagen de calma que proyecta el poder, sin embargo, choca con el avance insurgente en el norte y el repliegue ruso, minando la narrativa que Moscú ha vendido como garante de la seguridad en África.
Abelardo de la Espriella, candidato presidencial colombiano: «Gustavo Petro y sus cómplices han destruido el país»
Le apodan 'El Tigre' y proyecta la imagen del puño de hierro, del mazazo sin contemplaciones a guerrillas y delincuentes...



