Una mañana enciendes el ordenador en casa y no logras acceder a la plataforma de trabajo. El último mensaje de WhatsApp es de la noche anterior. Tampoco funciona el portal de la administración electrónica. Está claro claro: tienes internet bloqueado por las autoridades. En teoría, solo es necesario reiniciar la VPN —la red privada virtual, un programa que sirve de túnel para eludir la censura y puede cifrar las comunicaciones—, pero la VPN de siempre, de pronto, no funciona: ha sido deshabilitada. Pruebas otra. Tampoco. Empiezan los nervios, una prueba tras otra. Pierdes una hora —otros días ha sido más tiempo—, pero por fin arranca. Entre las decenas de wasaps que se descargan de golpe, hay uno con un aviso importante de tu familia.
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