Encontrar un país que crezca más del 10% de su PIB no es nada fácil y todavía era más difícil en 2022. Armenia, en cambio, creció un 12,6%. Había truco, claro. El país del Cáucaso sur y su histórica relación con Rusia le convirtieron en receptor de decenas de miles de personas que querían escapar de las sanciones a Moscú por invadir Ucrania y en una buena pasarela para “eludir” las sanciones que castigaron (y castigan) al país invasor, lo dice el Banco Mundial en su último informe sobre Armenia. El reto, ahora, es mantener ese gran crecimiento, que ha perdido vigor pero todavía es muy importante. “El efecto de la guerra ya está a punto de desaparecer. En 2022, el volumen de comercio con Rusia rondaba el 45%; en enero y febrero de este año ha sido el 25%”, explica Sergei Melkonian, investigador de APRI.
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